sábado, 20 de octubre de 2012

Equilibrio.



Dibujabas sonrisas,
sonde lágrimas habían.

Tu forma de ser,
cual niño al querer un sueño
por caramelo.

Tus manos,
las causantes de la melodía
que resulta desde la agonía.

Quiero fumarte,
y en cada calada,
hacerte el amor.

Siendo lo prohibido,
lo complicado,
lo cohibido.

Hoy, dependiendo de tus labios.
Manteniendo el equilibrio.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Miedo.



Tengo miedo de que todo esto cambie.
De que tus besos ya no sean míos.
De que tus abrazos ya no sepan a ‘’te he echado de menos’’.
Una vez más, me entra este maldito miedo.


Tus ojos al mirarme te delatan,
muestran tu deseo por besarme,
pero sigue habiendo miedo en mí.
Que ya no sería lo mismo si tú no estás aquí.


No podría vivir sin oír tu voz
cuando le cantas a los problemas.
Haciendo que se marchen.
Haciendo que no vuelvan.


No podría vivir sin nuestras guerras en la cama.
Brindé tantas victorias,
que llevo por lanza mi orgullo.
Y tus abrazos,
los llevo como escudo.


No podría vivir sin ver nuestra ropa 
en aquella esquina de tu cama.
No podría sentirme yo misma,
sabiendo que con tu partida,
te llevarías parte de mi alma.


Con miedo, sí, con miedo a perderte.
Con miedo de que algún día no seas a mi
a la que le digas ‘te quiero’.
Con miedo de que llegue el día,
en el que ya no quieras verme.


Y momentos en los que pienso,
que nuestro corazón no es formal.
No hay nada que nos una.
Solo nos une el placer,
y algún que otro orgasmo. 


A mí me une a ti algo más que eso.
Serán tus besos,
o la forma en la que me miras
mientras afinas tu guitarra.
Yo veo la mejor melodía en tu cara.


Pero si algún día he de perderte,
te advierto:
Nadie te amará como yo.
Solo yo sé que te gustan los besos en el cuello.
Sólo yo sé de tus pocos defectos.


Desahogo dolor con un jodido poema.
Pero el miedo lo sigo llevando en vena.
Seguiré firme.
Cual mástil,
aguantando marea.
Mientras tus palabras me enredan
y tus besos me dan fuerza.


Demasiado para tan poco.


Demasiados momentos.
Miles de sentimientos.
Pero hoy, sólo eternos lamentos.


Demasiadas caricias,
el placer de sentirlas
en todo mi cuerpo.


Mi cuello extraña tus besos.
Mi cuerpo extraña tus sábanas.
Pero hoy sólo me quedó la nostalgia.


Sobran las palabras,
cuando nuestras manos hablan.
Sentía el cielo a mis pies
cuando me tocabas.


Sin sonrisas fingidas.
Sin peros.
Dejábamos volar la imaginación
con nuestros dedos.


Momentos que en mi mente perduran.
Pero hoy, sólo quedaron dudas.