En mi mente hice de ti alguien que no eras
y disfrutaba cuando imaginaba besos
donde sólo habían marcas de guerra.
Y es que en el momento que te diste cuenta
de que mi vida aplaudía tu sonrisa,
decicidiste dejar de hacerlo.
Y ya no olía a café por las mañanas,
mi cama se acostumbró a tiritar de frío
y optaste por comerte el miedo,
para no tener que enfrentarte a él cara a cara.
Y de repente ya no eras tú,
y yo dejé de ser yo
porque ya no estabas.