Era
el frío de tus palabras
contra el calor de mi cuerpo.
Eras
mi prisión favorita,
el coraje en la mirada,
mi fuerza más allá,
donde jamás
se irán mis ganas.
Era
el consuelo a deshoras
de un reloj mal parado.
Eras
el sordo sonido de un
escopetazo.
Siempre serás
una bala de calibre 12,
entre corazón
y espalda.
Eran
mis ganas de morder tu cielo
y dejarme para lo último
tu cuerpo.
Será
este miedo a perderte,
o este monótono latir que,
solo cambia de
intensidad
cuando te tiene cerca.
Y ahora
dime qué soy
qué fui
y qué será de mí,
después
de dejar de ser contigo.