Había una vez un poema que te besó las heridas,
una noche que nos supo a poco,
un coche que nos alejó de todo
y me acercó a ti.
Había una vez, dos veces y fue la tercera
cuando conseguiste colocar tu bandera
en el sur de mi ombligo.
Y ahora sé que quererte fue un precipicio que me atreví a saltar
solo por las vistas que escondía dentro
y bendita valentía la mía.
Había una vez un fantasma que atravesó mis ventanas
y supiste como volver a cerrarlas
y es por eso que me enamoré de ti.
Había y por haber, hubo hasta miedo,
pero querer quedarte hizo de esta realidad un sueño
y ver como le sonríes a la vida
consiguió despertar un corazón dormido por las dudas
y éste me gritó que ya estaba preparado.
Y es que no todo el mundo sabe,
que acaricias despertares
si amaneces en mi nuca.