Me miras, y haces desaparecer los miedos más ásperos que se esconden debajo de mi piel.
Vuelves en cada canción, y me haces recordar las ganas de encontrarte, que me quedan.
Eres coraje, fuerza y aire.
Me abrazas intentando salvarte de todo el dolor que te persigue, pero en realidad me estás
salvando a mí.
Me besas, y tiemblan suelos que no conocía hasta entonces. Y repites que no habrá jamás nadie
que entienda nuestra forma de querernos, y te quiero aún más.
Saboreamos las ganas de comernos, pero lo hacemos poco a poco. Antes quitémonos las espinas
que nos quedan, no vaya a ser que nos pinchemos.
Te han dicho tantas veces que te quieren, de bocas tan poco fiables, que rebuscas dentro de mí,
por si acaso crees que miento.
Eres coherencia hasta cuando te contradicen las ganas de comerte el mundo, y decides
empezar primero por mi boca.
Y hasta que nos aborrezca la noche, déjame seguir enredándome por tu piel de hiedra.
Porque soy pantera hasta cuando me dices que mi piel es de terciopelo, y la besas.
Bésame las penas, que los miedos ya se fueron, desde el momento en que escalaste por las
vértebras de mi espalda, y colocaste la bandera, en la cima de mis ganas.
Eres tan tuyo, que a veces me pongo hasta celosa, y decido robarte, a ratos, mitad de ti, para
complementar la otra mitad mía.
Viertete en forma de felicidad sobre mí, no tengas miedo. Pervierte mi entusiasmo, esta noche,
por bebernos de nuevo.