viernes, 13 de diciembre de 2013

Cartas con dueño y sin destino. (2/5)

Me encontraba allí, quieta, sentada en la cima de aquella montaña.
Sentía que el aire que respiraba era distinto, puro y limpio, y me gustaba esa sensación. 
Sinceramente, me aterraba adentrarme en algo que apenas conocía, pero fui valiente.

Por un momento me sentí diminuta, me sentía indefensa e inexistente, luego lloré de alegría.
Lloré, y grite nombrando a todos los que un día no me escucharon, y les dije:
‘MIRADME, SOY FELIZ’.
Y aun sabiendo que no me escuchaban, seguí gritando.
Por una vez, había logrado hacerme notar, y era consciente de que esta, era mi oportunidad para mostrarle al mundo que soy alguien dispuesta a luchar por lo que ama, y que estaba dispuesta a darlo todo de mí,
por ti.
Porque a veces no es necesario ser mayor, adulta, o haber tenido una vida dura para poder decir que has sufrido, o que conoces el dolor.
A veces, tengas la edad que tengas, lo conoces.
Conoces la cara oculta de querer, de amar, y de no poder.  Descubres lo que es sufrir.                         
Pero yo decidí seguir siendo grande.
Me advirtieron de los peligros que corría al subirme sobre aquella montaña tan alta, pero estaba dispuesta a ponerme a tu altura, solo por estar contigo. 
Me sentía enorme, aun estando rodeada de montañas inmensamente grandes, mucho más grandes que yo, y aun sabiendo que nadie me escuchaba desde ese sitio tan poco común, seguí gritando.
Porque era mi sitio, mi lugar, mi felicidad, mis ideas, mis errores, mi dolor, mis decisiones.                
Y no quería bajarme, había logrado lo que tanto añoré, por lo que tanto lloré y luché.


Y hoy, gracias a ti, no necesito subirme a ninguna montaña para sentirme grande, o para poder gritar con el fin de que alguien me escuche. Me has hecho darme cuenta de que lo imposible, si lo visualizas en tu mente con fuerza, siempre se convertirá en posible.  

martes, 3 de diciembre de 2013

Vuelve.

Vuelve
y si quieres volvemos
al punto de salida,
pero no finjas llegar a mi meta.

Si aun sabes que siempre
irás con ventaja.


Vuelve,
pero no rompas ventanas
si dices que no da el sol.

Y es de noche.


Vuelve,
vuelve a ser protagonista
de esta trágica comedia
en la que
tú, yo, y nuestras ganas,
sean siempre
los actores principales.

Y que empiece la función
sobre tu cama.


Vuelve,
pero no ilusiones.
Por si te vuelves a ir,
y me dejas sola
y no recuerdo como
quererme.


Vuelve
y esta vez cerraré
la puerta,
por si se escapa la poca
esperanza de tenerte
que me queda.


Vuelve,
cómo sea
cuando sea
pero vuelve.