aquellos altares
en los que te colocaba.Ya se esfumaron:
Tus besos.
Tu presencia.
Tu mirada.
Se fumaron
mi paciencia,
disfrutando de cada calada.
Pero aún sabiendo
que mi muerte
ya no sería más desgracia
que no volver a tenerte,
sonrío.
Y aunque no te olvido,
hoy no caminaré sola.
Pero tampoco contigo.
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