Cuando dejes de aparecer
entre mis versos,
y dejes de esconderte tras mis lágrimas.
Cuando no seas tú quien
abarque mil noches en vela,
y ya no seas protagonista
de este montón
de palabras que hablan de ti.
Cuando dejes de ser mi lobo
y yo tu caperucita de
una sola noche.
Dejando de ser la pluma
afilada que escriba
poemas de dolor sobre mi piel,
y al mirar mi cama no
desee volver a tenerte ahí de nuevo.
Cuando vea que te
marches por mi puerta,
dejándola entreabierta para que otros entren.
Y que no duela.
Cuando ya no se acelere el pulso,
y mi cabeza ya no
llame a gritos tu presencia.
Entonces, sabré que te habré olvidado.
Lo dudo.
Pero hasta entonces,
no dejaré de guardarte un
sitio en mi cama.
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