miércoles, 29 de enero de 2014

Tu sabor de amor inoxidable.

Lo bueno de haberte leído
tantas veces,
es que conozco de memoria
cada página de tu cuerpo.
Y en ocasiones (siempre que
puedo)
hago pliegues en tus esquinas,
por si me pierdo,
y quiero volver
a leerte de nuevo.

Te pido que perdones a veces
mi soberbia,
no concibo que aún sigas
siendo tú
quien despierte a esta fiera
que se esconde dentro de un
sin fin de inseguridades.

la sensación de inseguridad
por no saber si estarás aquí
para siempre.

Quiero saber por qué me
siguen sabiendo agrios
los besos de otras bocas

me acostumbre a tu sabor
de amor inoxidable.

Y me sigo dirigiendo a ti
como un niño cuando desea
un caramelo,

deseando abrirte,
deseando que me abras,
de miedos
de sueños
y de piernas,

y queriendo que nunca
dejes de hacerlo.

Ni la adivina más falsa hubiera
adivinado jamás todo lo que
tu cuerpo,
ha hecho sobre el mío.

Nunca sabré lo que va a pasar,
lo que me vas a querer
o lo que me vas a olvidar,

y reconozco que aunque duela,
en ocasiones eso resulta
hasta emocionante.

Será que seré más tuya que mía,
y sólo de pensarlo me tiemblan
las piernas.

No lo sé,
pero quizás te quiero
porque una vez
te convertí en poesía.

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