Ella,
que sujeta cristales
con las manos,
y acaricia suavemente la
escopeta.
Dentro de ella no quedó
mas que cenizas de un
incendio pasado.
Y sigue siendo papel
bajo el mismo manto
de fuego,
que la atormenta.
Cree fundir las penas
en litros de cerveza,
pero su dignidad quedó
sobre el suelo,
como sus bragas,
aquella noche
en aquél mugroso bar
de mala muerte.
Ya no cree en el amor,
ni en ella misma.
Cree apartar todo el miedo
que le perturba.
Pero se hunde cada vez más,
cuando cree rozar el cielo,
y se queda corta.
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