Te vi desnudo
despojándote de miedos
y por primera vez te conocí por dentro,
y brillas más de lo que pensaba.
Me desgastas en cada falsa caricia
que me recuerda lo grande que fue
creer que te tenía,
y he sabido reprimir todo
intento de olvidarte
porque sé que eso supondría
dejar atrás
la dulce tortura de quererte.
Me bebías y degustabas a tu antojo;
y decías,
que yo era la botella de vino
más exquisita que jamás
habías probado
y ahora por tu culpa
detesto el vino.
Volaste de mi lado
y te despediste de mí como
se despide la noche cuando aparece
la mañana,
en un abrir y cerrar de piernas.
Y me llaman loca porque aún sigo
pidiéndote en forma de deseo
en velas de cumpleaños,
en estrellas fugaces,
en doce uvas,
y en cientos de brindis.
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